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El personaje de hoy nos llevará seguramente a una refexión de vida: Podemos prevenir o curar todas las enfermedades actuales

Evitar el estrés y los malos hábitos, comer sano, cultivar la paciencia y alejarnos de personas que promueven el odio; son principios esenciales para encontrar la armonía y una óptima frecuencia vibracional en nuestras vidas.

El venezolano Jacinto Convit siempre supo que su motivación fundamental como profesional de la medicina fue la de ofrecer alivio al prójimo afligido. Sus convicciones lo llevaron a desarrollar la vacuna contra la lepra.

Falleció a los 100 años de edad sin culminar su noble propósito: encontrar la vacuna contra el cáncer de mama. Sin embargo dejó importantes avances para sus sucesores.

¿Cómo trataba Jacinto a sus pacientes?

Les daba un trato digno, sin reparar su condición social. Venía gente muy humilde, viejitas con sus bolsas de papel marrón bajo el brazo conteniendo quién sabe qué; jóvenes con recetas arrugadas de tanto manoseo; señores con las manos callosas que delataban el trabajo inclemente, a todos atendía, enfundado en su impecable bata blanca, sus cómodos mocasines de suela anti-resbalante y una expresión bondadosa, iluminada por unos ojos de refulgente azul que miraban compasivos desde sus casi dos metros de estatura.

Cuando le preguntaban cúal era el secreto de su vitalidad y lucidez mental el contestaba:

“El amor cura, el odio mata… no odies jamás, ama y verás que la vida fluye como agua limpia”Jacinto Convit

Así hablaba este extraordinario ser humano que pasó un siglo sanando a Venezuela.

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