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Freddie Mercury y su especial relación con los gatos: «Son seres divinos»

El legendario líder y vocalista de Queen pensaba que estos felinos son más fieles y sinceros que los seres humanos.

Los gatos de Freddie Mercury ocupaban el primer lugar en la vida del artista. Dorothy, Tiffany, Tom, Jerry, Dalila, Goliat, Lily, Miko, Oscar y Romeo fueron sus grandes amores junto a su fiel compañera Mary Austin.

Mary Austin y mis gatos son lo más importante que tengo en la vida, los amo como a nadie en este mundo.

Freddie Mercury

Nueve gatos fueron adoptados en refugios para animales, y la décima, la gatita «Tiffany», fue un regalo especial de su amada Mary. El amor especial que sentía Mercury por estos encantadores animalitos comenzó antes de 1985.

A partir de esa época el legendario líder y vocalista de Queen se dio cuenta de que sus compañeritos peludos conformaban su verdadera familia. Ese amor era tan profundo que cuando su pareja Mary Austin le propuso tener un hijo, él le respondió que prefería tener otro gato.

Freddie salía de gira con su banda y los extrañaba mucho, es por eso que cuando llamaba a Mary le pedía por favor que los acerque al teléfono para poder hablar con ellos. En cada viaje les compraba un juguete nuevo y cuando se reencontraba con sus adorables gatitos él pasaba horas y días observándolos, hablándoles, mimándolos, jugando y contemplando su belleza.

En una entrevista, su asistente Peter Freestone le contó al periódico The Washington Post que las únicas veces que vio a Freddie terriblemente preocupado y angustiado era porque alguno de sus gatos se había escapado.

Freddie Mercury junto a dos de sus gatos en su cama.

Freddie Mercury les daba de comer el mejor pollo fresco, vivían en su mansión de Londres y también dormían en su cama. Su fecha favorita para compartir juntos era la Navidad. Cuando escribía canciones, sus gatos lo acompañaban encima de de su escritorio, en la silla, sobre sus pies y muchas veces sobre sus hombros y arriba de su cabeza.

Nada de estas situaciones eran casualidad, Freddie Mercury sentía que su don creativo se potenciaba cuando estaba en compañía de sus «bebés», como él los llamaba. Por ejemplo, en una de las canciones de Innuendo (1991), Mercury le rindió homenaje a su gata preferida que se llamaba «Delilah».

Me haces sonreír cuando estoy a punto de llorar, me traes esperanza, me haces reír, me haces tan feliz cuando te acurrucas para dormir conmigo.

Fragmento de la canción de Queen «Delilah»

Su círculo más íntimo no entendían muy bien su relación con estos animales, creían que estaba loco, por lo que muchas veces le decían en broma «El loco de los gatos». Claro, ellos no compartían el mismo sentimiento que había desarrollado Mercury por estos seres tan especiales para él.

Pasaban los años y su amor profundo por los gatos iba creciendo. Freddie Mercury era un ser muy sensible y su alto grado de percepción lo llevó a lograr interpretar a la perfección a sus adorables compañeros de vida. Él se sentía feliz viviendo a su manera y nada le importaba.

En mayo de 1991 el astro musical graba su último videoclip correspondiente al tema «These Are The Days Of Our Lives», ya con un Freddie Mercury cansado y deteriorado por su cruel enfermedad que lo iba consumiendo con el paso de los días. En ese momento, Freddie pidió expresamente que quería lucir una camisa con gatos impresos y así es que su último deseo en este mundo, fue concedido.


El gran Freddie Mercury nos dejó, además de su excelente obra musical, una de las más importantes enseñanzas en este camino de aprendizaje.

El éxito es energía, una posibilidad y una puerta que se les abre a los seres humanos que logran desarrollar su sensibilidad interior llegando a ser capaces de entender de que al dar vida, al cuidar de un ser vivo, no importa su raza o especie, estamos construyendo amor. Descubrir el amor en su estado más puro es una experiencia única e inolvidable que nos pondrá en frente todos los secretos más maravillosos y esenciales de la vida. Nos ayudará a abrir las puertas de la percepción, y eso no tiene precio.

Mary Austin y los cinco gatos que todavía seguían vivos antes de la muerte de Freddie Mercury fueron sus únicos herederos incluidos en su testamento.

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